Caricias
— Irian Chacón Fulgencio
Y pensar que lo áspero de tus caricias
no eran tus manos,
que un roce se sentía golpe
y un susurro chirrido incesante.
Mi piel te recuerda más que yo,
sumida en el pánico,
rojiza del frío.
El susto en los poros,
aún hoy hace al silencio gritarme en la cara,
que el amor me haga cosquillas a veces
y heridas siempre.
El mundo gira y gira,
mi pie sigue atascado en la rueda,
tiro, tiro y desgarro,
alivia y escuece.
Me lamo las heridas cual gata ambulante,
bajo la premisa que me persigue:
me vendí a tu cuerpo
y aunque hoy me tengo,
aún siento las monedas tintineando
como cada vez que suplicaba amor
y me dabas la limosna
que había quedado en tus bolsillos.
Fulgor de mentira,
mentiras de plata,
no me arrepiento de nada,
aunque vivo con la certeza
de que la amnesia hubiese sido
mi mejor recompensa.